Campos de soledad, mustio collado

Con estas palabras, el poeta Rodrigo Caro se lamenta en su canto del estado en que se encontraba las ruinas de Itálica, allá por el siglo XVII. La ciudad que fuera fundación de Escipión, la más temprana realizada por los romanos en la península ibérica y un hito que señala el comienzo de la romanización. La ciudad que se convirtió en avanzadilla de un proyecto administrativo y cultural unificador del mundo mediterráneo que heredaron siglos más tarde la Europa de Carlomagno, el Sacro Imperio de Carlos V o la contemporánea Unión Europea.

El constituir el primer enclave genuinamente romano fuera de Italia no es tan sólo lo que otorga a la ciudad de Itálica un carácter excepcional, sino el haber sido cuna de los hombres más poderosos de la historia antigua occidental. Trajano, el más universal de nuestros antepasados cuya autoridad era reconocida por todo el orbe conocido, y Adriano, símbolo de la fusión definitiva en la cultura clásica del espíritu helénico y el latino, convierten a Itálica en una ciudad comparable a las grandes urbes del oriente helenístico por la envergadura de sus monumentos públicos, el lujo de sus viviendas y el trazado urbano de amplias calles de aceras porticadas, asombro de visitantes.

Sin embargo, el tiempo y los acontecimientos acaecidos desde aquellos años han hecho que Itálica pase del esplendor a las cenizas. Aunque la conquista musulmana la convierte en cantera de materiales de construcción, uso que perdura casi hasta nuestros días, la impronta del imaginario italicense en Andalucía ha sido tan fuerte que no se ha desvanecido con el paso de los siglos. Considerado un yacimiento arqueológico paradigmático especialmente por su carácter romántico, Itálica ha contado sobre todo en época moderna, con el apoyo de importantes personalidades empeñadas en acabar con el abandono, la destrucción y la desidia: humanistas como Rodrigo Caro o Navaggiero; ilustrados como Bruna o Demetrio de los Ríos y hombres de nuestro tiempo como Collantes de Terán, Mata Carriazo, García Bellido o Blanco Freijeiro. Sin olvidar instituciones como la Comisión de Monumentos, la Real Maestranza de Caballería o la Diputación Arqueológica.

Pero independientemente de la atención prestada en los últimos años por las distintas administraciones públicas y patrocinadores privados, Itálica sigue impactando a la ciudadanía, como atestigua la masiva afluencia de cuatrocientos mil visitantes nacionales y extranjeros que cada año acuden a contemplar la sombra de lo que fue nuestra ciudad más emblemática, convirtiendo al conjunto arqueológico en el más visitado de España.